Los dos cogen una fotografía y construyen un entorno alrededor, y con un objeto simple de bordes limpios los dos producen algo mejor de lo que montaría la mayoría de los vendedores. Ese es el caso fácil y es donde viven las capturas de marketing.
El caso difícil es un producto con detalle que tiene que sobrevivir: texto en el envase, un logo, una silueta distintiva, textura fina. La generación no tiene ninguna obligación de conservar nada de eso, y una reseña de Pebblely describe justo ese desenlace, diciendo que ignora las instrucciones y altera el producto como le da la gana, con cada corrección costando créditos.
Mokker atrae otra queja. Sus reseñas hablan de que la gama de modelos es estrecha en vez de que el producto salga mal, que es un problema de encaje y no de fidelidad. Ninguno sale limpio, y la consecuencia práctica es la misma para los dos: prueba con tu producto más detallado y no con el más simple, porque ahí es donde aparece la diferencia entre ellos y donde cae el coste de equivocarse.